Matilde Durán

Migrante colombiana

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«Cuando llegué de Colombia, venía con una mano adelante y otra atrás, huyendo de la violencia y buscando una oportunidad. No les voy a mentir, tenía miedo, pero desde que crucé la frontera sentí que llegaba a mi propia casa.

Los venezolanos no me preguntaron de dónde venía para darme un plato de comida o un trabajo. Al contrario, me abrieron las puertas de sus casas de par en par. En ese entonces, Venezuela era el sueño americano de Sudamérica. Allí mis hijos fueron a la escuela, se graduaron en universidades públicas y nunca nos hicieron sentir como ‘extraños’.

Recuerdo que mis vecinos venezolanos me decían: ‘Tranquila, Matilde, que donde comen dos, comen tres’. Esa generosidad marcó mi vida. No solo me dieron un lugar donde vivir, sino que me dieron una identidad. Por eso, hoy que las cosas han cambiado, me duele el alma, porque nosotros fuimos recibidos con el corazón y siempre estaré agradecida con esa tierra que nos permitió prosperar cuando la nuestra nos dio la espalda.»